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El Valle del Itata es la zona vitivinícola más antigua de Chile. Los primeros viñedos datan de 1550, plantadas por colonos españoles. Cien años más tarde, el desarrollo vitícola de la región era tan importante que incluso los productores españoles de vino para América, que vieron mermados sus envíos, presionaron al Rey Felipe II para prohibir plantaciones en el Valle, lo que se derogó más adelante.

En el Siglo XVIII la industria vitivinícola chilena se orientó a la exportación de vinos a las colonias españolas de Latinoamérica. Importantes volúmenes de vinos proveniente de esta zona eran embarcados desde el puerto de Tomé. Durante el Siglo XIX, las zonas al sur del Maule abastecieron al país con cuatro quintos de los vinos de Chile, según el libro “Una historia de cinco siglos”.

Actualmente se reconoce un interés por redescubrir la zona, por dar vida a las cepas, que han esperado pacientes, por las manos que recolecten cada grano con la esperanza del buen vino.

Pero hubo algunas circunstancias históricas que modificaron el panorama. Estados Unidos y Australia vivían la Fiebre del Oro. Enfocados sólo en eso, el trigo lo buscaban en países como Chile. El paisaje cambió de verde a amarillo. Los viñedos fueron cambiados por trigo y también por pinos y otros árboles no nativos, como explican Moya y Mariángel en el libro “Tiempos de Fogón, mujeres del Itata”.

Actualmente se reconoce un interés por redescubrir la zona, por dar vida a las cepas, que han esperado pacientes, por las manos que recolecten cada grano con la esperanza del buen vino. Los autores confirman que “las viñas han mostrado su potencial innovador. Hay muchas señales alentadoras”. Es el fruto de la comprensión del Valle lo que impulsa a la producción de los inconfundibles vinos del Itata.